viernes, 25 de septiembre de 2009

FEINMANN / CULLEN - DOS CARTAS


El pasado domingo 26 de julio de 2009, nuestro blog publicó —bajo el título José Luís Nell y Lucia Cullen— una carta del historiador Rafael Cullen dirigida al director del diario Página 12. (La misma puede leerse en la sección “Archivo del blog”).

La intención de dicha carta, según palabras del propio Cullen, era hacer valer “un acotado derecho a réplica” respecto a un escrito de José Pablo Feinmann —publicado en ese medio—, donde se abordan las figuras históricas de su hermana, Lucía Cullen, y de su cuñado, José Luís Nell. En el texto de Feinmann aparecerían “importantes omisiones que falsifican los hechos que se mencionan”.

La carta nunca fue publicada por Página 12. Sí, como decíamos, se publicó en nuestro blog, lo cual motivó gran cantidad de mensajes y comentarios.

Entre ellos, recibimos uno de José Pablo Feinmann que incluía una carta dirigida a Rafael Cullen, que me encargué personalmente de hacerle llegar. Algún tiempo después, Rafael me envió su parecer sobre las opiniones de Feinmann.

Ambas posiciones son publicadas a continuación, con el sincero deseo de que contribuyan a madurar el debate sobre nuestra historia.

Por CONTEXTOS: Manolo Giménez



Carta de José Pablo Feinmann

De mi mayor estima:

Días atrás les envié un mail para Rafael Cullen, quien se ha empeñado en demostrarme qué sé yo qué cosas que conducirían a demostrar que José Luís Nell no mató a dos personas en el asalto al Policlínico Bancario.

Tal vez no le llegó. Porque apareció un sobre en mi casa, con una publicación en el desagüe universal de la mediocridad y el resentimiento que es Internet. Para ver si este hombre se serena y deja de enviarme ese texto les reenvió mi mail.

Si Uds. tuvieran la amabilidad de reenviárselo se los agradecería mucho. Además, como es muy afectuoso, porque yo no tengo nada especial con Nell, a quien sin duda he conocido mejor que él por haber sido compañero de la JP Lealtad tal vez lo deje algo satisfecho.

Gracias,
José Pablo Feinmann

Este es el mail:

Querido Rafael:

No son clases ni es un suplemento. Se trata de una obra de largo aliento sobre la totalidad de la historia del peronismo. Saldrá en dos tomos de 800 pp. c/u.

Me documento muy bien para todo lo que digo. Sobre José Luís sé muchísimo. Además de haberlo conocido, de haber formado parte de la bronca con la Orga después de Ezeiza, el documento más importante de la JP Lealtad lo escribí yo. Salió en la revista "Aluvión" a finales de julio del '74, la revista la dirigía yo. Pudimos sacar un solo número porque el Gobierno de Isabel - López Rega consideraba a la JP Lealtad una "segunda infiltración". En JP Lealtad estuvo José Luís.

El film de Ayala tiene muy buena la reconstrucción del asalto al Policlínico, por eso Barone (que te podrá decir quién soy yo y cuál es mi trayectoria, como tantos otros) la usa. Lo demás no sirve para nada. Es una chantada. Y más el personaje de Mirtha Legrand.

La división del MNRT (Movimiento Nacionalista Revolucionario Tacuara) de Tacuara existió, pero a mí igual no me cae bien. Cooke lo elogió mucho y hasta defendió a Nell. José Luís es una figura valiosa sobre la que ya volveré en mi (por ahora) suplemento dominical de Página 12. Su desdicha en Ezeiza, su condición de cuadripléjico y su suicidio, y su previo e inteligentísimo rompimiento con la Orga de los Montos.

Horacio González escribió un libro basado en José Luís. "Memorias de el hombre que dio un grito de corazón". Lo edito la editorial "Cimarrón", de Miguel Hurst. Era un hermoso libro. Pero no creo que quede un ejemplar. Y lo leí de punta a rabo al pie de la imprenta. Tratá de conseguir un ejemplar si no lo tenés porque es muy bello.

Sé muy bien la importancia de Envar El Kadri en el suicidio de José Luís. Fui muy amigo de El Kadri sobre todo a partir de su regreso, demasiado ecologista para mi gusto, pero era un gran tipo. José Luís venía con la columna de La Plata. Había muchos ahí, desde el Flaco Kunkel hasta Lupín Kirchner. Eran los de la FURN.

La FURN, en 1973, me propuso para el decanato de Humanidades en La Plata, lo que no pudo ser. No porque yo viviera en Bs. As. sino porque me había olvidado de dar mi tesis de licenciatura y Agoglia dijo: "Es demasiado. Tan joven y todavía le falta la tesis, tráiganme a otro". Di mi última materia en 1969 y me olvidé de la tesis por la coyuntura excepcional que todos vivíamos.

Ahora bien, esto no significa que yo tenga que justificar la cagada imperdonable que José Luís se mandó en el asalto al Policlínico. Dos vidas inocentes de dos trabajadores porque se bajó a los tiros del coche del asalto, nervioso y a la bartola.

No te ofendas si uso palabras como boludo o pelotudo u otras porque la característica de la larga historia del peronismo que estoy promediando es usar todo tipo de palabras.

José Luís no tendría que haber matado con tanta facilidad a dos personas. Si lo hizo fue porque venía mal de Tacuara y su pasaje a MRT era reciente y hay cosas que no se borran. Después se fue alejando de la muerte a través de su amistad con Mugica y por su amor con la chica Cullen. La película de Barone se llama bien Los malditos caminos (cito de memoria).

Tuvieron mucha mala suerte. Pero toda nuestra generación la tuvo. Te respondo a vos porque se trata de José Luís. No le respondo a nadie. Si tuviera que responderle a cada familiar que se enoja por lo que dije en una obra que (en mi compu) lleva ya 1.500 pp. tendría que pasarme el día escribiendo respuestas.

Espero que me hayas conocido un poco más. No soy un periodista, soy un licenciado en filosofía con 30 libros publicados. Escribo (en este caso) sobre hechos que viví, sobre mi generación. Lo hago con mucho dolor y a veces con mucha bronca.

Que José Luís se haya bajado a dos trabajadores sin saber quiénes eran, si tenían familia, si eran buenos tipos o lo que sea, es algo que siempre voy a condenar. Luego evolucionó. Y bien. Lástima esa herida tan trágica en Ezeiza. Tipos como él –que tuvieron el coraje de decirle a la conducción delirante de la Orga– que estaban meando muy fuera del tarro eran muy necesarios.

Un abrazo. Y quedate tranquilo: todavía tengo mucho que decir sobre José Luís. Y es la mejor parte.

Carta de Rafael Cullen

Manolo:

Como habíamos conversado, te mando algunas líneas sobre la carta de Feinmann dirigida a mí, que me hiciste llegar. No aparece en esas líneas la voluntad de un debate responsable y con la rigurosidad que las cuestiones tratadas merecen. Solo hay un conjunto de afirmaciones arbitrarias, frases efectistas e inventos. El homenaje a la verdad, y el respeto a quienes no pueden hablar y resignificar sus prácticas desde el hoy, obligan a responder para que esas afirmaciones no queden legitimadas por el silencio de quienes conocemos los hechos y las personas mencionadas.

Primera aclaración: nunca le escribí una carta a Feinmann. Si se dirigió a vos, seguramente es porque le debe haber llegado alguna repercusión de mi respuesta a través de tu blog. Solo pedí a “Página 12” en una carta de lector, un “ acotado derecho a réplica frente a importantes omisiones que falsifican los hechos”, a lo que el diario no hizo lugar; pese a la indignación que demostró el periodista que me recibió, al enterarse del motivo de mi pedido. Mi dirección electrónica estaba en la carta: Feinmann, o cualquier otro que hubiese querido, podía haberme respondido directamente a mí. Por esa vía, recibí numerosos correos que me sorprendieron por la cantidad y la solidaridad que expresaban.

No soy el único que ha sufrido ese ninguneo; Teresa Eggers Brass el 31 de agosto le ha exigido al mismo diario derecho a réplica por mentiras de Feinnman sobre su padre, Conrado Eggers Lan. Este caso es más grave, pues no sólo inventa anécdotas sobre la ida a Ezeiza el 20 de junio de 1973; habla de decisiones que Conrado tomó siendo director de la carrera de Filosofía que son falsas. Teresa presenta testigos que acreditan sus dichos; llama día por medio al diario para insistir en su derecho a la verdad y todavía no ha tenido respuesta. Tal vez este respaldo periodístico para silenciar las voces que lo desmienten y su relación con la cúpula del poder político actual, le permiten a este hombre la impunidad con que miente.

También sorprende la superficialidad de su pensamiento. En el mejor de los casos puede decirse —en palabras filosóficas—, que plantea sus afirmaciones en términos de “doxa” (opinión, conocimiento aparencial no fundado en la razón), no en términos de “episteme” (conocimiento fundamentado a través de la razón). Su texto abunda en calificativos de todo tipo, positivos o negativos o afirmaciones del tipo: no significa que yo tenga que justificar, o existió pero a mí igual no me cae bien; no existe una sola argumentación con respaldo empírico o teórico. Como si la opinión personal que a él le merecen los hechos o las personas, fuese el criterio decisivo para dictaminar sobre su valor o significado.

Ha tergiversado lo dicho por mí y refuta afirmaciones que nunca hice. A saber. Nunca intenté demostrar nada (qué se yo qué cosas dice Feinnman) y menos que Nell no mató a nadie; en la línea 15 de mi respuesta digo: Nell mató a dos trabajadores al disparar su metralleta. Lo que hice –en un breve texto– fue ubicar el origen de la violencia política en nuestra sociedad durante la segunda mitad del siglo XX, para contextualizar histórica y políticamente un hecho trágico.

Otra respuesta imprescindible. Hacerles decir a mi cuñado o a mi hermana que un laburante que no asume la lucha armada es un boludo, un gallina o un blando, en un diálogo imaginario y arbitrario que no pueden responder, no es usar una palabra “inconveniente” que pueda ofenderme; es una calificación moral que los ubica en una actitud de soberbia y desprecio para quienes eran los destinatarios de su militancia: los trabajadores y los sectores populares. Esto sí lo califico porque —aunque tuve importantes diferencias con ambos— conozco los motivos que los llevaron a la militancia política; y porque objetividad en el conocimiento no es igual a neutralidad política o ideológica (ideología en el sentido de ubicación frente a la realidad no de falsa conciencia). Lo califico sin ambigüedades: es una actitud miserable que tiene un objetivo político bien claro —el mismo que cuando afirma que eran los chicos malos de las familias de guita—: descalificar los objetivos de su militancia.

Otros inventos menores me interesa desmentirlos pensando en posibles utilizaciones futuras: mi cuñado nunca estuvo en la JP Lealtad, aunque sus críticas a la conducción de Montoneros y su visión del peronismo hayan coincidido en términos generales con los planteos de ese efímero posicionamiento. Me consta, personalmente, que después de Ezeiza y hasta su suicidio no tuvieron ninguna actividad política ninguno de los dos. Sólo redactaron una declaración de repudio a la muerte de Rucci que no llegó a circular. Tampoco Envar El Kadri, amigo de mi cuñado y mencionado por Feinmann, tuvo nada que ver con su suicidio. Sobre estas situaciones sólo cuento con mi testimonio; comprenderás que dar públicamente más detalles que lo refuercen no es algo que me resulte sencillo ni grato. Si alguien quiere desmentirme tendrá que presentar elementos adicionales a su mera opinión.

El debate político e historiográfico sobre nuestro pasado reciente hay que darlo en serio. Con rigor crítico y datos objetivos sobre lo que se plantea. Haciendo el esfuerzo por superar los fetichismos en el conocimiento. Quiero decir; sin convertir en fetiches a los diferentes protagonistas de nuestra historia política; líderes, militantes o quién fuese. En mi libro trato de hacerlo sin concesiones a nadie. Analizo la responsabilidad política del Líder Popular en 1955, utilizando fuentes orales y documentales. También hablo de la degradación moral de dos ex dirigentes montoneros, pero es a partir de conductas políticas demostradas. Se podrá discrepar, pero las cuestiones planteadas están fundamentadas. Creo que te consta porque me has hecho un aporte crítico, inteligente y respetuoso que te agradezco.

En la carta que me envía Feinmann no hay demasiada argumentación para ese debate. Todos los que menciona como conocidos de él (Mugica, Nell, El Kadri) están muertos. Los que refutamos sus dichos no disponemos de prensa (no es que nos interese refugiarnos en los canales electrónicos). Todo esto le asegura impunidad para sus dichos arbitrarios.

Si le interesa un debate responsable puede abrir para ello los espacios públicos de que dispone. Lo invito a ello. Lo que haga, no lo que diga, será su respuesta.

Afectuosamente
Rafael

PD: Esta es una carta personal, pero no está demás aclarar que puedes disponer de ella como te parezca. También consulté a Teresa Eggers que no tiene ningún inconveniente en que se mencione su exigencia de derecho a réplica a “Página 12”.

1 comentario:

Ernesto dijo...

Recién me entero de este debate embrionario. Por razones distintas, José Luis Nell, (Raúl, para algunos) toca sentimientos muy fuertes en ambos, Feinmann y Cullen. Y creo que en la figura de él subyacen otros temas de reflexión política que aparecen muy poco perfiladas. Así, por ejemplo, afirmar que JLN no tuvo relación orgánica con Lealtad, no responde a la verdad histórica. Numerosos integrantes de ese agrupamiento pueden afirmar lo contrario y hasta con detalles. De la misma manera, subrayar el protagonismo de Cacho en el suicidio de JLN me parece que tampoco es enteramente cierto. Sí creo que JLN es una figura trágica en el sentido que su destino parecía prefijado. Su tránsito por Tacuara, su especialización en armamento, su pertenencia a los Tupamaros, y las fricciones que allí tuvo, su corta permanencia en las FAP, su rápido tránsito a Montoneros y su visión política con transformaciones casi tan aceleradas como todos los que en aquel entonces tuvimos un compromiso fuerte, lo convierten en un símbolo que no es prototípico de nosotros como sí lo es Marcela, más representativa de los cambios acaecidos en aquella juventud. Otro detallecito, JLN encabezaba la columna sur de Montoneros, por eso cayó junto a Beto Simona, también muy representativo de eso que fuimos, y no la de La Plata. A veces los recuerdos están excesivamente teñidos por las necesidades de nuestras explicaciones.