viernes, 17 de abril de 2009

1955: MATEN A PERON - Testimonios

El 16 de junio de 1955, aviones de la Marina bombardearon la Casa de Gobierno y sus alrededores. Fue la mayor matanza de civiles en la Argentina en un solo día. Se estima —por relevamientos de historiadores que, sin embargo, no coinciden en las cifras— los muertos fueron más de 300 y un número similar de personas habrían quedado inválidas a causa de las heridas recibidas.

Ese día, a las 12.40, 29 aviones de la Marina bombardearon la Plaza de Mayo, la Casa de Gobierno y la residencia presidencial. Los pilotos lanzaron unas diez toneladas de bombas con el propósito de matar al presidente
Juan Domingo Perón —que salió sano y salvo porque se refugió en los sótanos del Ministerio de Ejército—, quien había sido reelecto en el 1951 con el 68 por ciento de los votos.

Para ese 16 de junio estaba previsto un desfile aéreo en desagravio a la bandera que había sido quemada frente al Congreso cinco días en una extraña procesión de Corpus Christi.

El plan, al frente del almirante de Infantería de Marina,
Samuel Toranzo Calderón, consistía en bombardear la Casa de Gobierno y el Ministerio de Ejército. La Infantería de Marina iba a avanzar para tomar la Rosada con el apoyo de grupos civiles apostados en la Plaza.

TESTIMONIOS

Salvador Ferla, fragmento del libro Mártires y Verdugos:

“El pretexto es matar a Perón, a quien suponen en la Casa de Gobierno, para lo cual se bombardea la plaza, se ametralla la Avenida de Mayo, y hasta hay un avión que regresa de su fuga para lanzar una bomba olvidada.
Cientos de cadáveres quedan sembrados en la plaza histórica y sus adyacencias, unos pertenecientes a civiles que habían acudido en apoyo al gobierno, y otros de anónimos transeúntes. Es el primer castigo, la primer dosis de castigo administrada al pueblo.

Es el fusilamiento aéreo, múltiple, bárbaro, anónimo, antecesor de los que luego realizarían en tierra firme con nombres y apellidos,

Entre este grupo de aviadores que mata desde el aire a una multitud, y los agentes de la Policía de la Provincia de Buenos Aires que “fusilan” a un núcleo de civiles en un basural, tirándoles a quemarropas sin previo aviso, solamente existe una diferencia de ubicación.

Este episodio criminal, este acto terrorista comparable al cañoneo de Alejandría y de ciudades persas efectuados por la flota inglesa, también con propósitos de escarmiento, no tiene antecedentes en la historia de los golpes de estado.

Porque hasta en la lucha entre naciones está proscripto el ataque a ciudades indefensas, y porque la guerra aérea, con el bombardeo a poblaciones civiles, ha sido una tremenda calamidad traída como novedad por la última guerra mundial, que ha merecido el repudio unánime universal”.

Isidoro Ruíz Moreno, miembro de la Academia Nacional de la Historia y de las Ciencias Políticas y autor de La revolución del 55:

"Con la perspectiva actual, fue un acto de locura. Bombardear una casa para matar a una persona que presumiblemente está dentro es un disparate. Lo que explica el momento es el clima que se vivía. Es como hablar de las Cruzadas sin conocer el sentido místico de la Edad Media. Se vivía un estado de guerra interno."

María Estela Spinelli, investigadora del Instituto de Estudios Histórico Sociales:

"Hubo trabajadores peronistas en la defensa del gobierno que avanzaron sobre el Ministerio de Marina, luego de la convocatoria del secretario general de la CGT, Hugo Di Pietro”. (El historiador estadounidense Arthur P. Whitaker, afirma que algunos recibieron armas que repartió la Alianza Libertadora Nacionalista y otros se armaron con palos). Constituyeron la mayor parte de las víctimas civiles.

Jorge Abelardo Ramos, fragmento del libro La era del peronismo:

"Fue un mediodía de horror. Perón rehusó dar a conocer las víctimas del bombardeo aéreo. Cifras extraoficiales de la época hacían ascender a 400 los muertos. Mientras bombardeaban los aviones, el Capitán de Fragata Argerich, al frente de un grupo de infantes de marina, intentaba matar al presidente en una irrupción de comando a la Casa de Gobierno.

A pocos centenares de metros de la Casa Rosada, se reunían los jefes del ya fracasado golpe de mano. El edificio del Ministerio de Marina, había sido rodeado por tropas y tanques leales al gobierno. En su interior se encontraban los Almirantes Benjamín Gargiulo, Samuel Toranzo Calderón y Aníbal Olivieri, ministro de Marina, plegado a la rebelión. Los acompañaban el nacionalista Luis de Pablo Pardo, el radical Miguel Ángel Zabala Ortiz, los conservadores Adolfo Vicchi, Alberto Benegas Lynch y el industrial Raúl Lamuraglia, aquél del famoso 'cheque' de la UIA en 1945. Perón se había refugiado en el Ministerio de Ejército Las fuerzas armadas permanecieron leales, salvo la Marina. Algunos completados en el Ejército, como el General Bengoa y el General Aramburu, nada pudieron hacer.

El drama culminó cuando el Almirante Benjamín Gargiulo, jefe del movimiento, se suicidó en su despacho del Ministerio de Marina. Diversos grupos católicos, organizados por Mario Amadeo y fuertemente armados, se concentraron esa mañana en la Plaza pero el fracaso del movimiento los privó de toda posibilidad de actuar.

Por la tarde, una multitud de trabajadores enfurecidos acude a la Plaza de Mayo, devastada por la aviación militar. Decenas de vehículos particulares, ómnibus y colectivos aparecían destruidos por las bombas en el Paseo Colón e Hipólito Yrigoyen, entre grandes manchas de sangre. El Ministerio de Hacienda conservó largos años después los impactos de las ametralladoras aéreas. El despacho del Presidente Perón y un sector de la parte central de la sede gubernativa resultaron destruidos. La ferocidad del ataque y el claro origen social que lo inspiraba quedaban a la vista.

Al oscurecer, notorios grupos de provocadores, ante la deliberada indiferencia de la Policía Federal y los Bomberos, asaltaron la Curia Metropolitana, la incendiaron y destruyeron por completo. Allí se perdieron los 80.000 legajos del archivo eclesiástico originario del siglo XVII y toda la biblioteca. También incendiaron los templos de Santo Domingo, San Francisco y la capilla de San Roque, San Ignacio, la Merced, San Nicolás de Bari y Nuestra Señora de las Victorias.

El centro de Buenos Aires se había enrojecido. Entre el fuego del mediodía y las llamas de la noche entablaban su duelo dos grandes bloques sociales; la oligarquía, ahora reforzada por la Iglesia, y el gobierno peronista, ya debilitado por la defección de una parte de las Fuerzas Armadas. Un estado de angustia generalizada ganó todos los estratos de la sociedad argentina. Cabe agregar que la derrota de la Marina no constituía en modo alguno una victoria para Perón. El malestar profundo de un conflicto no resuelto envenenaba la vida nacional".

Aníbal Olivieri, ministro de Marina de Perón:

“En mi interpretación, habla de estos grupos movilizados por la CGT y de la Alianza Libertadora. También hay un discurso de Perón donde pide a sus partidarios que no reaccionen: 'La lucha debe ser entre soldados', les dijo. Aquí me surgió la idea del fatídico 16 de junio en que estalló en la Argentina la guerra civil, porque las víctimas no sólo fueron espectadores o transeúntes. Hubo partidarios del gobierno que fueron a luchar. ¿Las causas? Hay que buscarlas en el quiebre político y social producido por el peronismo en la sociedad, con la inclusión de las masas".

Daniel Cichero, autor de Bombas sobre Buenos Aires:

"Las bombas de junio del 55 marcaron un comienzo en el uso de medios militares sobre objetivos civiles. Aunque algunos de los pilotos sigan considerando que atacaron un puesto de mando militar, las listas de víctimas hablan claro sobre quiénes llevaron la peor parte. El grupo motor de marinos liberales venía conspirando desde fines del 53, pero su organización se extendió al Ejército a través de la dirigencia nacionalista, una vez que detonara el conflicto con la Iglesia. En ese espacio político abierto de improviso convergieron figuras tan disímiles como el socialista Américo Ghioldi, el radical (Miguel Angel) Zavala Ortiz, el conservador Adolfo Vicchi, Mario Amadeo y Pablo Pardo, de la militancia católica. Ellos también, de alguna manera, arrojaron las casi 15 toneladas de bombas.

Los militares que huyeron al Uruguay fueron dados de baja y se reintegraron después del golpe de septiembre. Un hito fundacional en nuestro largo camino a través de la impunidad".

1 comentario:

Daniel dijo...

Debí agradecerles antes el esfuerzo reflexivo que llevan adelante con "Contextos". Pero el hecho de que hayan enfatizado la difusión y la memoria del asesinato colectivo del 16 de junio, me hizo abandonar cualquier tipo de pereza.
Es que los 16 de junio y los 24 de marzo forman parte del mismo árbol genealógico y uno no se comprende sin el otro. Los 21 años que separan las dos fechas sólo exhiben la extensión de la tragedia, pero hasta los apellidos son los mismos. Allí están los jóvenes Massera, Mayorga, Manrique, Suárez Mason, Cacciatore y el inefable elenco de comandos civiles que luego apañarían a cuanto proyecto antipopular surgiera. Pero la barbarie es identica en su vocación por la masacre.
Por eso es importante reparar en el bombardeo y lo agradezco. Mantenerlo siempre en las cabezas de los jòvenes. Como si hubiera ocurrido ayer. Porque, al fin y al cabo, la historia es una construcciòn que siempre condiciona los valores del presente. No en vano, y durante muchos años, el 16 de junio fue sólo el "dìa de la quema de las iglesias" y no el dìa de una masacre con olor a presagio de genocidio.

Un abrazo,
Daniel Cichero
-autor de Bombas sobre BsAs