jueves, 5 de marzo de 2009

LOS PRESOS DE BRAGADO


En el notable filme documental de Mariana Arrutti, “Los presos de Bragado”, puede verse el último testimonio de Pascual Vuotto en registro audiovisual. Se trata de un reportaje conmovedor e imprescindible al inolvidable obrero ferroviario y militante anarquista.

Vuotto purgó injustamente once años de cárcel tras ser inculpado —junto a Santiago Mainini y Reclus de Diago— por el estallido de una bomba en la casa de José María Blanch, un dirigente conservador, el 5 de agosto de 1931 en la ciudad de Bragado, provincia de Buenos Aires.

El explosivo se encontraba en un cajón de manzanas que fue entregado, sin que nadie sospechara, en la finca de los Blanch. Tanto Juana, esposa de Blanch, como María Enriqueta, su hija, y su cuñada Paula Arrabarrena decidieron abrir el envío. Las dos últimas fallecieron poco después y Juana fue a dar al hospital.

Un pez gordo

Blanch, era un representante cabal de la política de aquellos años. Dueño de casas de juego y caballos de carrera, no se le conoce aporte ni desempeño en la administración pública. Pero se había ganado un gran respeto en su partido por sus buenas condiciones para los trámites comiteriles.

Tales antecedentes y el opresivo clima político forzaron una rápida reparación. Recién comenzaba la Década Infame y la dictadura de José Félix Uriburu ponía en funciones a la policía brava de “Polito” Lugones.

La mira estaba puesta en los radicales yrigoyenistas. Entre varios detenidos, fueron seleccionados dos: Melchor Durán y Juan Perutti. Este último se suicidó en su celda, cortándose la garganta con una botella.

Al poco tiempo, una denuncia anónima, recibida en la comisaría de Bragado, ofreció una rápida y oportuna solución: los obreros anarquistas eran candidatos inmejorables para saciar a la discrecional justicia de “Von Pepe”.

Comienza la infamia

El 16 de agosto, Pascual Vuotto, fue detenido en la estación de ferrocarril de Durañona, donde trabajaba; Julián Ramos, también obrero ferroviario, será privado de su libertad en Mechita; Reclús De Diago y Juan Rossini, obreros ladrilleros en Castelar, y Santiago Mainini, obrero ladrillero en Lomas del Mirador.

La detención estuvo a cargo de Enrique Williman, por aquel entonces comisario de Bragado, y el fiscal que los acusó sin prueba alguna fue Juan Carlos Augé. La excusa para su detención fue que habían participado el 16 de julio en una reunión en las inmediaciones de Bragado; lo cual era cierto: se habían reunido a fin de iniciar una publicación.

Fue un proceso irregular y sin garantías. Durante el juicio, el médico de la policía, Francisco Macaya, reconoció que los presos habían sido torturados. Le costó bastante caro: fue echado de la fuerza y el juez actuante, Juan Carlos Díaz Cisneros, anuló la declaración, instruyéndole un sumario por "falso testimonio".

Los tres acusados fueron condenados a prisión perpetua. López, Ramos, Bodelón y Rossini quedaron implicados como cómplices.

No tardó mucho tiempo en producirse una oleada general de indignación en todo el país y una campaña de solidaridad para reclamar por su liberación. Por su parte. Pascual Vuotto inició su propia lucha desde la cárcel, escribiendo “Vida de un proletario”, donde da detalles del proceso.

Diversos grupos comenzaron a trabajar en la difusión del caso. Se publicaron folletos y periódicos —entre ellos, "Justicia", dedicado a la campaña— y se organizaron mitines y conferencias.

El caso cobró resonancia internacional y la fuerte presión que ejercían los comités de solidaridad hizo que, en 1942, el entonces ministro Vicente Solano Lima, promoviera y lograra el indulto firmado por el gobernador de la provincia de Buenos Aires, Rodolfo Moreno, otorgándole la libertad condicional a los tres reclusos, luego de padecer 11 años en prisión. Cuando los presos fueron puestos en libertad, el 24 de julio de aquel año, los recibió una multitud.

“Salió enfermo del sistema nervioso y ciego de un ojo, habiendo sido inocente y vivido once años en un submundo de gente degradada”, declaró recientemente Themis, la hija de Pascual Vuotto.

Un tren llega lentamente

Pero la confirmación de su inocencia tardaría varios años en llegar. En 1985, Carlos Jordán recogió el testimonio de Miguel Lorda, quien identificó como autor del atentado contra Blanch a Rafael Chullivert. "Era jefe de Encomiendas en el Ferrocarril de la estación de Bragado”, dijo. Y agregó que “tiempo después de la bomba, Chullivert asesina a su compañera y a dos hijos de ésta y luego se suicida. Antes de suicidarse deja unas notas: al juez, a la policía y a su familia, donde pide perdón y se hace cargo del atentado a Blanch. (...) Estas cartas fueron tomadas por la policía y nunca se presentaron para redimir la pena de los inculpados. Los pobres detenidos siguieron cargando con algo que no habían hecho".

También se supo que Chulivert, un matón conservador de Bragado, además de tener diferencias con Blanch dentro del partido, había sufrido un desengaño amoroso con la cuñada del jefe conservador.

En mayo de 1991, el diputado socialista Guillermo Estévez Boero logró hacer aprobar en la Cámara de Diputados de la Nación un proyecto de desagravio a la memoria de los presos de Bragado. Pero la media sanción del Senado a la ley nacional 24.233 de reparación histórica llegaría en 1994.

Pascual Vuotto, el último sobreviviente de los “presos de Bragado” había fallecido en febrero de 1993, a los 89 años.