lunes, 6 de julio de 2009

LOPEZ REGA Y LA TRIPLE A




Tras el programa radial que emitimos el pasado 1 de julio —dedicado a la última presidencia y muerte de Juan Domingo Perón—, hemos recibido una importante cantidad de consultas sobre la figura de quien fuera su secretario, José López Rega (1916 – 1989). Las preguntas giran, fundamentalmente, en torno a las circunstancias en que este enigmático personaje llega hasta Puerta de Hierro y sobre la organización terrorista Triple A, cuya creación se le adjudica.

Si bien existen importantes estudios publicados sobre este tema —especialmente el de Marcelo Larraquy, que recomendamos sin considerar matices ideológicos—, los dos textos seleccionados ofrecen un aporte diferenciado, por su carácter testimonial y militante.

El primero fue escrito por Jorge Taiana (1911 – 2001), quien fuera médico personal de Perón y ministro de Educación en su último gobierno, y ha sido extraido del libro El último Perón. Testimonio de su médico y amigo (Planeta, 2000).

En segundo lugar se publica un fragmento del notable Un militar entre obreros y guerrilleros (Colihue, 2001) de Eduardo Gurucharri —imprescindible biografía política del “Yorma” Bernardo Alberte (1918 – 1976)—, donde aparecen reveladoras anécdotas de la relación que se estableció —hacia 1965— entre la logia Anael, Isabel Martínez y el personaje en cuestión.



ANAEL Y EL ASTRÓLOGO

Por Jorge Taiana

En 1966, en el centro de Madrid, se abrió una tienda de venta de muñecas y otros artículos. El comercio ubicado en la calle Quintana 16 era en realidad un local de la secta Anael que tenía como fin instalarse en España.

Creada por el doctor Julio César Urien, en Buenos Aires, en 1957, Anael era uno de los tantos grupos que engolosinaban a la gente con creencias esotéricas, misteriosas e insondables.

La secta Anael consideraba que Perón y su mujer, a pesar de las visitas de amigos leales y consecuentes, vivían en una gran soledad y supusieron que podrían imponer allí uno de sus miembros: José López Rega, alias Daniel o el Brujo.

López Rega es el personaje más extravagante de la historia argentina del siglo veinte. Ningún argentino desprovisto de estudios, de una carrera, de una profesión o de una actividad pública relevante, adquirió su notoriedad. Por el contrario, aquellos que ostentaban blasones científicos, literarios o políticos adquiridos a lo largo de décadas o de toda una vida, nunca pudieron reunir tanto poder.

Daniel comenzó como policía, fue escolta de Perón trepado a su auto presidencial, y luego anónimo custodio de Eva, sentado sin uniforme en un rellano de la escalera de la Residencia Presidencial. Antes y después de los gobiernos de Perón, durante las presidencias de (Eduardo) Lonardi, (Pedro) Aramburu y (Arturo) Frondizi, fue siempre policía.

En 1965 su nombre apareció en el grupo de custodia organizada por el teniente coronel Jorge Manuel Osinde, para cubrir la llegada de Isabel a Buenos Aires. En aquella oportunidad Perón la envió a la Argentina para zanjar divergencias e indisciplinas partidarias entre "vandoristas" que apoyaban para las elecciones de marzo a gobernador de Mendoza la candidatura de (Alberto) Serú García en oposición a la de (Ernesto) Corvalán Nanclares, el candidato peronista.

La enviada mantuvo conversaciones con numerosos dirigentes gremiales y políticos en una reducida oficina ubicada en el centro de Buenos Aires y visitó la CGT. Las gestiones conciliadoras de Isabel languidecieron y todo terminó en un tremendo fracaso electoral. Los
demócratas, viejos enemigos, derrotaron a los peronistas en Mendoza. Eloy Camus, veterano de la política cuyana, aconsejó a Perón que retirara a su mujer del escenario político e Isabel partió el 8 de julio de 1966 hacia España.

Pero Isabel no volvería sola. Rápido, solícito y eficiente, López Rega impresionó favorablemente a su custodiada, y consiguió regresar con ella a Madrid.

En mayo de 1966 no se alojaba aún en Puerta de Hierro y no recuerdo que lo haya mencionado el dueño de casa. En aquellos días sencillamente no existía, pero ese mismo año sería presentado al General y comenzarían entonces las visitas vespertinas a la quinta 17 de Octubre.

Pronto advirtió las progresivas falencias y necesidades de la pareja. Luego de ofrecerles vivir en Puerta de Hierro, pasó a desempeñar sucesivamente diversos roles: cadete, asistente, amanuense, chofer, ayudante, custodio y finalmente secretado privado.

Recibía a todos los visitantes, participara o no de las entrevistas. A medida que se recortaban las actividades físicas del General, el secretario iba recibiendo nuevas tareas. De tomar en algunas ocasiones el volante del automóvil, pasó a suprimirle al General las caminatas solitarias por la calle Serrano o por el Paseo de la Castellana.

Aunque Perón exhibía una esplendorosa lucidez acorde con su intelecto intacto, su voluntad, esa fuerza que proviene de la esfera psíquica volitiva, decaía a medida que terminaba el día. Hacia 1972 López Rega manejaba muchos de los hilos de la casa en Puerta de Hierro, influía sobre el matrimonio y aprovechaba la natural declinación de los hombres maduros en las horas del ocaso.

En 1972 su marcada hipertrofia del yo justificaba los calificativos de megalomaníaco y paranoico que aparecían ya en sus años juveniles, con veleidades de cantor y atrevidas incursiones por el género operístico.

Dinámico, movedizo, inquieto, desconfiado, astuto, de corto sueño, capaz de trabajar durante jornadas enteras sin descanso, éstas eran las características psicosomáticas que distinguían al Brujo. Bajo, ligeramente pícnico, de manos finas y velludas, cutis terso y tenso, mejillas rosadas, pelo canoso, ocultaba muy bien una diabetes benigna y una litiasis vesicular-cálculos en la vesícula biliar.

López Rega era un buen gourmet y le atraía el cognac español, especialmente una de sus famosas marcas. Cualquier oportunidad era buena para convidar y beber el "digestivo". Y a veces, por la noche, a pesar de nuestras advertencias por la diabetes, le agradaba extender el deleite.

Siempre invocó el nombre de Perón y el profundo conocimiento que él poseía de sus ideas, programas, deseos e inclinaciones. Erigido en el experto por antonomasia, nadie podía discutir con éxito sus puntos de vista.

El hombre que en un atrape voraz ascendió de suboficial a comisario general de la Policía Federal, por un decreto firmado por Perón y (Benito) Llambí el 9 de mayo de 1974, fue luego nombrado ministro de la Nación por (Héctor) Cámpora, (Raúl) Lastiri y por el mismo Perón.

La política social, baluarte teórico y práctico de la doctrina creada y aplicada por Perón desde 1945 quedó en las manos de un modesto suboficial de la Policía Federal cuando se lo nombró Ministro de Bienestar Social. Desde allí, el pensamiento de Perón: "El poder está construido por el bienestar del pueblo", fue sistemáticamente destruido.

Perón transcurrió su última gestión rodeado de secretarios, delegados, políticos y gremialistas, integrantes de diversas fuerzas de un cerco incuestionable. En ese ambiente Daniel se transformó en un pulpo, octópodo, cuyos ocho tentáculos aprisionaron distintos espacios de poder: la secta Anael, el secretariado de Perón, el secretariado de Isabel, el ministerio de Bienestar Social, la Logia Propaganda Dos, el cargo de comisario general de la Policía Federal, jefatura de la secta Umbanda y jefatura de la Triple A.

(...) El entorno del Presidente de la Nación, y más aún el de Perón, fue siempre una preocupación discutible, polémica y obsesiva de los argentinos. ¿Pero acaso no ocurrió lo mismo con Julio A. Roca, Carlos Pellegrini, José Figueroa Alcorta o Hipólito Yrigoyen?

La Triple A

La Triple A fue concebida, urdida y minuciosamente organizada en Madrid, en las mismas barbas de Perón. Primero se produjeron contactos de José López Rega con individuos y subversivos de varias nacionalidades —franceses, españoles, italianos, croatas y argelinos— con experiencia en acciones violentas tipo la argelina Organisation de l'Armeé Secrete (OAS). Luego reunieron argentinos y extranjeros para determinar tipos de acción, itinerarios para salir e ingresar a la Argentina y disponer en España de lugares de descanso para que los "hacedores de faenas" recuperaran fuerzas. Ciudades de la costa mediterránea fueron elegidas para solaz de custodios de altos jefes y hasta del mismo López Rega.

En 1974, poco tiempo después de la desaparición de Perón, comencé a concurrir con mi mujer Marizul a un bar-confitería madrileño regenteado por un tal Antonio. Tras varias visitas de "chato" y manzanilla ganamos la confianza de don Antonio y como buen verborrágico alardeó su importancia. Según decía reclutaba gente y recibía y orientaba a los "guerreros" que llegaban de la Argentina en sus vacaciones de acción. Don Antonio decía convencido: "La organización debe prepararse para eliminar en pocas horas, en una noche al estilo de una San Bartolomé criolla, mil o los que fuesen necesarios zurdos, izquierdistas, marxistas e infiltrados en las filas peronistas".

En 1974 la Triple A incorporó a grupos parapoliciales y desarrolló una intensa acción antimarxista, anticomunista y antijudía. La historia argentina del siglo veinte registra la presencia de numerosos clanes, ligas y legiones de los más variados colores, pero ninguno de ellos había alcanzado las dimensiones, el poder bélico y la desafiante impunidad de la Triple A.


LA LOGIA ANAEL
Por Eduardo Gurucharri

(El mayor Bernardo) Alberte ha consolidado su posición económica y eso lo tranquiliza. Poco a poco, casi sin apercibirse, va intensificando la actividad política. También necesita explicarse el mundo más de cuanto lo ha hecho hasta ahora. Quizás ni siquiera se pregunte por qué razón tiene esa necesidad. Mucha gente la siente en los años ‘60.

El está lejos de las innovaciones ideológicas que propone (John William) Cooke o de las proclamas igualmente radicalizadas que ensayan dirigentes surgidos de la Juventud Peronista, como Gustavo Rearte. Resultan más compatibles con su formación de peronista ortodoxo, los trabajos del doctor Julio César Urien, un juez de paz que se protege o se inviste de otro yo tras el seudónimo de doctor Anael y es autor de "La razón del Tercer Mundo", un folleto que se entrega con ademán conspirativo.

El escrito alude a una logia creada en 1954 y en cuya fundación habrían intervenido Perón y el entonces presidente brasileño Getulio Vargas, la Logia Anael. Tiene una pretensión omnisciente y proclama la existencia de tres vértices magnéticos ubicados en países de la Triple A, es decir, Asia, África y América Latina, que serían el motor de la liberación mundial. Abomina del imperialismo norteamericano y del comunismo soviético, pero se entusiasma con la China de Mao Tsé Tung y la revolución argelina y disculpa a Fidel Castro, quien animado de un sincero espíritu tercermundista no habría tenido otro recurso que hacer de Cuba un país satélite de Rusia para defenderse de la agresión yanki.

Las concepciones que expone son, en definitiva, un trabajoso esfuerzo de actualización doctrinaria de la Tercera Posición Peronista, matizada con aspectos pintorescos como los vértices magnéticos, que en el caso latinoamericano estaría definido por tres puntos de apoyo, Lima, Buenos Aires y San Pablo, tomando sobre un mapa el aspecto de una ele inclinada.

(...) Si Urien es ingenuo y grandilocuente —asegura que Perón volverá cuando la Logia le indique que el momento ha llegado— y profesa el macromagnetismo, su impresor tiene otras características. Cree en el micromagnetismo. Toca a las personas para trasmitir y recibir una energía que, dice, posee el cuerpo humano.

Entrando en confianza con él, afirma ser capaz de imbuirse del contenido de ciertos libros apoyando la palma de la mano sobre algunas páginas y colocando el ejemplar debajo de la axila.

El impresor de Urien es asimismo escritor autoeditado. Entre otros títulos suyos, merece citarse Astrología esotérica —775 páginas, 36 láminas a todo color, cuatro libros en uno, cuyos títulos son Zodíaco multicolor, Zodíaco vegetal (Plantas, flores y perfumes), Zodíaco musical y Sistema abreviado de astrología—.

También ha publicado Alpha y Omega, donde, tras evocar el rito de Umbanda, Brahma, Visnú, Shiva y otros exotismos, propone ingresar "en el terreno de los misterios masónicos propiamente dichos". Este año ha intentado popularizar su obra mediante una Astroagenda 1965, cuya mayor virtud es, al parecer, la indicación de fechas propicias para salir a buscar trabajo y conseguirlo.

Aún más práctico promete ser otro estudio que dice estar preparando y del cual ya tiene, cuanto menos, el título: se llamará Astrofinanzas.

Este precursor de la new age es, claro está, José López Rega, co-administrador de Suministros Gráficos del Estado, una imprenta instalada en un típico edificio industrial, hacia el final de la calle Salguero, flanqueando el Aeroparque de la Ciudad de Buenos Aires.

En una fecha que muy probablemente puede ubicarse a fines del año 65, en el local se celebra una discreta reunión. Un ayudante del administrador, José Vanni, franquea la entrada a los invitados, contraseña mediante. No se hacen presentaciones formales. Algunos de los asistentes se conocen y otros no. El doctor Urien ha convocado a una cena de la Logia Anael.

Están (el capitán Jorge) Morganti, Julio Troxler, el administrador y su hija Norma López Rega, el suboficial (Héctor) Sampayo y otros. A los postres, habla Urien y propone un juramento. Un invitado pide la palabra. Es Rubén Sosa. La logia acaba de publicar El Tercer Mundo en acción, original del ex delegado retocado y alargado por Urien. Ahora el correntino discrepa con la idea del juramento y en su exposición critica a los militares.

Al terminar, en la semipenumbra un hombre se le acerca y se presenta. Es Alberte. Bernardo le confía que a poco de escucharlo sintió deseos de retarlo a duelo, pero que luego fue entendiendo el sentido de las palabras de Sosa. Este le agradece la franqueza y simpatizan. No obstante, Sosa se retira de la reunión, acompañado por Troxler.

Fue Morganti quien primero conoció a López Rega. Estaba entusiasmado con él y fue presentándolo al resto. A Julio nunca le cayó bien y se burlaba de su astrología. Pero ciertos ambientes del Peronismo eran entonces como una nube, una especie de limbo ideológico donde casi todo era posible, mientras no fuera el elogio del liberalismo o del comunismo ruso. En la buena conciencia del peronista medio y cuarentón, personalidades como Cooke o Rearte despertaban respeto, pero también temor.

(En octubre de 1965, como ya se menciona en la nota anterior, Isabel Perón llega a la Argentina a fin de impedir la jugada electoral del vandorismo en Jujuy y Mendoza).

(...) El astrólogo de la calle Salguero se presenta ante Alberte y le ofrece imprimir sin costo la propaganda del sector leal para las inminentes elecciones a gobernador de las provincias de Jujuy y Mendoza, donde se verá de qué lado están las bases.

Lo trae Morganti, a quien López Rega ha convencido para que le pida a Bernardo una tarjeta de presentación para ver a la Señora. El Mayor acepta la oferta del impresor y les dará tarjeta.

(...) La delegada, antes de hacer las valijas, constituye una nueva conducción local integrada por figuras casi o completamente desconocidas. La Logia Anael está representada oficiosamente a través de Héctor Sampayo.

(...) Entretanto, los miembros de la Logia deben decidir acerca de un pedido especial del General: necesita un colaborador que se instale en Madrid. Lo ha dicho Isabel.

La reunión se hace en casa de Alberte, en la calle Yerbal. El candidato cantado es Morganti, pero su mujer se niega a trasladarse y menos a permitirle que vaya solo, ni siquiera en nombre de los más altos intereses del Movimiento y de la Patria. Urien ya lo sabe, ha consultado y propone a un suboficial retirado del Ejército, de apellido Munárriz, otro de los presentes.

Llega la Señora y saluda. La informan de la propuesta y ella cortésmente indica que prefiere a Daniel. López Rega, que ha permanecido en silencio, gana la partida. Otro día, como el astrólogo protesta carencias de vestuario, Sampayo le compra dos trajes y un sobretodo, aunque el Doctor Anael, arriesgando su autoridad, ya tiene decidido ordenarle que vuelva a los tres meses.

Antes de la partida, Urien, Alberte y Morganti, convienen con Sampayo que busque a López Rega y lo cite a una reunión urgente. El astrólogo promete que irá en un rato y le pide que vaya a avisar a los otros. Sampayo se va, confiado. Lopecito, lógicamente, nunca llega.

La delegada ha concluido su misión y debe volver a Madrid. Le explica a Bernardo que anda escasa de fondos y éste le da un cheque. Al día siguiente, trasciende que Isabel ha estado de compras en la joyería Ricciardi, la más prestigiosa de Buenos Aires.

Nada más distante de los propósitos de Alberte que importunar al General con estos pequeños contratiempos, pero el día de la partida, en Ezeiza, lleva aparte a López Rega y lo interpela, furioso.

3 comentarios:

Fernando dijo...

Recibí una invitación a visitar el blog, interesante. Saludos desde Mendoza, Argentina

Manuel Gerardo Monasterio dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Manuel Gerardo Monasterio dijo...

El Sr.Gurrucharri se equivoca, de manera bastante burda. Dice de Julio César Urien que era "un juez de paz", el Dr.Urien fue Juez Cámara, y su padre había sido además ministro de agricultura de Perón. Parece que la izquierda argentina está empeñada en contar la historia de una sola manera, y si lo hacen con esta falta de rigurosidad a los datos más elementales ya tenemos una buena idea del método que utilizan para adoctrinar a las nuevas generaciones.