martes, 3 de agosto de 2010

¿QUE ES FORJA?


Por Homero Manzi

En la entrada anterior (“Manzi en el sótano de Forja”) Aníbal Ford ofrece una semblanza de este invalorable cultor de las ideas nacionales, como introducción a los fragmentos de los discursos pronunciados por Manzi, entre 1935 y 1936, en el ámbito de FORJA y publicados por la revista Crisis en 1973.

Uno de ellos, el que reproducimos a continuación, permite valorar la gran originalidad interpretativa, así como el desapego a lugares comunes y etiquetamientos ideológicos
en el tratamiento de las cuestiones nacionales, que caracterizó a los militantes de la Fuerza de Orientación Radical de la Joven Argentina.


La revolución de Mayo trató de romper el sistema español de que sólo podíamos comprar y vender en el puerto de Cádiz. Y con el correr de los años, los argentinos parece que quisiéramos imponernos la obligación de comprar y vender tan sólo en el puerto de Liverpool.

Y a ello hemos llegado porque ahora no somos dueños más que de nuestro esfuerzo. Después, todo está en manos de ellos. El gran cerealista que compra la cosecha. El frigorífico que manufactura y exporta nuestra carne. El vagón que traslada nuestros productos a través de la pampa. El barco que lleva en su bodega nuestra producción a través de los mares. El capital que la asegura contra riesgos. Y después, la mano que la vende en el exterior.

Y así se han monopolizado la industria y la comercialización de los cereales, de la carne, de las frutas, de los vinos, del algodón, de la madera, de todo lo que tenemos y de lo que habremos de tener algún día.

Y a este monopolio en la producción y la comercialización de la producción argentina, debemos agregar la paulatina monopolización de todo lo que puede rendir un interés. Ya sean servicios públicos o distribución de los mismos artículos de primera necesidad.

Si esta colonización significara una forma de acercamiento de los pueblos en compensación de necesidades económicas, estaríamos en contra de ella por un principio de libertad, pero nos veríamos en la necesidad de ser tolerantes en la lucha. Pero como ella trae aparejada, para las masas, el hambre, la decadencia y la explotación, sentimos que debemos ser inexorables en el planteo de la lucha.

El régimen tuvo en sus manos la formación económica del país. Pudo llevar a la producción argentina hacia una trustificación manejada directamente por el régimen. Por lo menos así ya el pueblo argentino, dentro de sí mismo, se habría levantado destruyendo el sistema de injusticia dentro de sus fronteras.

Pero el régimen que traicionó a las masas en ese sentido fue doblemente culpable, porque las traicionó para entregar sus esfuerzos en manos extrañas, de tal manera que no será difícil que la última etapa de nuestra liberación debamos cumplirla baleando aeroplanos o jugándonos nuestra vida en medio del mar.

Y para consumar esta obra de entrega de nuestros resortes económicos al interés extranjero colonizador, el estado conservador y antiargentino no tuvo más que cruzarse de brazos. Dejar que se librara la lucha entre la iniciativa privada y los capitales extranjeros.

Cuando triunfaban los capitales extranjeros, como en materia de ferrocarril, seguros, frigoríficos, tranvías, teléfonos, etc., el Estado recién aparecía para rubricar con su anuencia la realidad de la conquista. Pero cuando la iniciativa privada ponía en peligro la conquista inglesa, como en el asunto de los transportes automotores, como en la huelga reciente de los algodoneros, como en el caso actual de la invasión norteamericana en materia de petróleo, entonces aparece la fuerza del gobierno para nivelar las cosas en favor de los intereses ingleses.

Este es el drama de los colectiveros. Este es el drama de los dueños de camiones de transporte rural. En el momento en que con la complicidad de la suerte estaban por liquidar al ferrocarril y al tranvía, aparece el gobierno tratando de defraudar lo que ése triunfo pudo significar para el país.

Y mientras tanto, desde lejos, el formidable tejedor, Inglaterra, amenaza con no comprar carnes si no se le entrega el monopolio absoluto de todo el transporte. Y por desgracia no encuentra al gobierno argentino, argentino en toda la extensión de la palabra, que le diga desde lejos, con un corte de manga: los transportes serán nuestros y en cuanto a nuestra carne, se la daremos a los millones de argentinos que hace tiempo que no saben qué es comerla. Y probablemente seríamos dueños de nuestros transportes y los ingleses se verían en la necesidad de seguir comiendo nuestra carne.

Pero este es el trabajo de las derechas de hoy, apoderadas del gobierno. Y fieles herederas del régimen. El régimen consolidó la colonización del país. Nuestros conservadores de hoy la aprovechan y la intensifican. Para ello tienen una táctica. Alejar al pueblo de la cosa social. Alejarlo en lo político con sistemas antidemocráticos. En lo cultural con sistemas excluyentes. En lo social con prácticas abusivas y en lo económico con las fuerzas del estado (...)

Y la misma rebeldía argentina se presenta favorable a los planes de las derechas. Porque hasta ahora no ha comprendido que la forma de curar el mal es tomando el problema en forma integralmente intransigente y sin ceder a la instigación de los que pretenden parcializar la lucha o encontrar puntos de contacto entre la traición y la justicia argentina.

Tenemos, frente a las derechas, fuerzas políticas que buscan una restauración de la verdad democrática, pero que en los temas palpitantes de la economía argentina no han dicho su pensamiento y a veces lo han dicho en contra de los intereses del pueblo.

Tenemos fuerzas gremiales que luchan en su terreno buscando reivindicaciones aún con la complacencia de los que traicionan al país. Y tenemos sectores económicos populares que buscan la solución de sus temas desinteresándose del drama que aflige a sus hermanos en otros terrenos.

El colectivero que lucha por salvar su colectivo de la vorágine entreguista, pero que no siente dolor ante la rapiña que le hacen al hermano del campo en su labor, no está en la lucha argentina y revolucionaria. El algodonero que lucha en contra del pulpo acaparador y no está solidarizado con el colectivero, no está en la lucha argentina. El aguirrezabala (*) que pugna en el Congreso por una libertad política y vota luego en favor de la coordinación del transporte, no está en la lucha argentina. El estudiante que pelea en contra de los profesores reaccionarios y no comprende ni siente la angustia de las masas argentinas, no está en la lucha argentina. El partido que pide el gobierno para mañana y no se define en contra de los capitales que colonizan al país, no está en la lucha argentina.

Están simplemente, todos, desviando el sentido revolucionario de las masas argentinas. El pájaro de la libertad económica del país es muy grande. Para que pueda escapar de la jaula en que lo han encerrado, necesita que se rompan todos los barrotes de un golpe. Mientras se sigan destruyendo los barrotes uno a uno, el tejedor, como Penélope, reconstruirá en la noche lo que le hayamos roto en el día.

Por eso Forja no quiere ser más que un planteo total frente al drama de la entrega argentina...

(*) Nota del blog: Posiblemente en referencia a Miguel Angel Aguirrezabala, diputado nacional por el radicalismo antipersonalista de Entre Ríos. Evidentemente, como dice Manzi, "no estaba en la lucha argentina": el 16 de mayo de 1940 se vió implicado en el célebre negociado de “las tierras de El Palomar”. Fue amnistiado en el primer gobierno de Juan Domingo Perón.